¿Qué tiene de malo hablar de sexo por teléfono?



SEGÚN una conocida revista estadounidense, “las parejas separadas por la distancia ya no se expresan su amor mediante cartas románticas, ahora prefieren el ‘sexo telefónico’”.

¿En qué consiste el llamado “sexo telefónico”? En el uso del teléfono tanto para hablar explícitamente de temas eróticos como para escucharlos.* Quienes participan en tal práctica suelen masturbarse para dar salida a la excitación sexual resultante. Sea que las conversaciones obscenas tengan lugar entre novios o entre desconocidos, la popularidad de esta conducta sexual es alarmante. De hecho, hay quienes la recomiendan abiertamente.

“Es el sexo más seguro que existe”, afirma una mujer. Al parecer, muchas personas comparten su opinión. Por ejemplo, en octubre del año 2000, en respuesta al incremento de contagios por VIH, diversos especialistas médicos de Rusia insertaron varios anuncios en el periódico a fin de fomentar el “sexo telefónico”.

Por otro lado, hay quienes únicamente buscan ganar dinero. Las líneas eróticas, en las que el consumidor paga por escuchar obscenidades, se han convertido en un negocio que mueve miles de millones de dólares tan solo en Estados Unidos.

¿Por qué se ha popularizado tanto esta práctica? El libro The Fantasy Factory (Fábrica de fantasías) lo explica así: “El contacto íntimo, tanto físico como emocional, supone riesgos, como el de contraer una enfermedad venérea, el deterioro de la imagen personal y profesional, o el rechazo de otros; se temen además las consecuencias resultantes de los deseos ‘pervertidos’. El ‘sexo telefónico’ minimiza los riesgos”.

Es cierto que dicha práctica no implica contacto físico con otra persona, pero ¿significa esto que no tiene nada de malo o que no encierra ningún peligro?

¿Es una práctica inofensiva?

El deseo sexual se intensifica en los años juveniles, época de la vida denominada en la Biblia “la flor de la juventud” (1 Corintios 7:36). Durante esta etapa crucial, el joven cristiano debe aprender a “tomar posesión de su propio vaso en santificación y honra” (1 Tesalonicenses 4:4). O sea, debe aprender a dominar sus impulsos sexuales, pues hacerlo es vital para tener un punto de vista saludable y equilibrado de las relaciones íntimas.

Sin embargo, el “sexo telefónico” induce a gratificar los deseos sexuales, no a controlarlos. Es más, promueve una visión degradante y distorsionada del sexo opuesto. La Biblia enseña que el único ámbito donde se puede disfrutar de intimidad sexual es dentro del matrimonio (Hebreos 13:4). Pero las conversaciones telefónicas de índole sexual estimulan a los jóvenes a experimentar los placeres sexuales fuera del matrimonio. Las Escrituras señalan que la verdadera felicidad proviene de dar, no de recibir (Hechos 20:35). El “sexo telefónico”, por su parte, enseña a utilizar a los demás para satisfacer los deseos egoístas propios. La Biblia muestra que la clave para lograr una verdadera intimidad entre los cónyuges es cultivando amor y respeto mutuos (Efesios 5:22, 33). Este tipo de encuentros telefónicos, en cambio, fomenta la frialdad y el anonimato.

Una adicción perjudicial

La antigua ciudad de Corinto era famosa por su depravación. Con razón, el apóstol Pablo escribió lo siguiente a los cristianos que residían allí: “Tengo miedo de que de algún modo, así como la serpiente sedujo a Eva por su astucia, las mentes de ustedes sean corrompidas y alejadas de la sinceridad y castidad que se deben al Cristo” (2 Corintios 11:3). Pues bien, el “sexo telefónico” es uno de los medios que Satanás el Diablo utiliza para corromper a la juventud.

Para algunos jóvenes, llamar a las líneas eróticas se ha convertido en una adicción incontrolable. Un muchacho, a quien llamaremos Julián, es un claro ejemplo de lo “enganchado” que puede acabar alguien. Cuando vio el número de teléfono de un servicio erótico en un cartel publicitario, lo memorizó y más tarde llamó para satisfacer su curiosidad. A partir de entonces, las llamadas se sucedieron con mayor frecuencia. Al poco tiempo, debía 600 dólares a la compañía telefónica.

Estimular los deseos sexuales sin estar casado va en contra de la Palabra de Dios, que exhorta a lo siguiente: “Amortigüen, por lo tanto, los miembros de su cuerpo que están sobre la tierra en cuanto a fornicación, inmundicia, apetito sexual” (Colosenses 3:5).

Peligros en el noviazgo

¿Qué hay de los adultos jóvenes que mantienen un noviazgo formal? Por supuesto, lo más natural es que dos personas que se quieren se expresen sus sentimientos. En tiempos bíblicos, una joven temerosa de Dios dijo con respecto a su prometido: “Yo soy de mi amado, y hacia mí tiende su deseo vehemente” (El Cantar de los Cantares 7:10). Cuando se acerca el día de la boda, es apropiado que la pareja trate ciertos asuntos íntimos. Ahora bien, ¿es hablar de sexo por teléfono un medio inofensivo de expresar los sentimientos románticos?

No. Las parejas de novios también tienen la obligación de seguir este consejo del apóstol Pablo: “Que la fornicación y la inmundicia de toda clase, o la avidez, ni siquiera se mencionen entre ustedes, tal como es propio de personas santas; tampoco comportamiento vergonzoso, ni habla necia, ni bromear obsceno, cosas que no son decorosas, sino, más bien, el dar gracias. Porque saben esto, y ustedes mismos lo reconocen: que ningún fornicador, ni inmundo, ni persona dominada por la avidez —lo que significa ser idólatra— tiene herencia alguna en el reino del Cristo y de Dios” (Efesios 5:3-5; Colosenses 3:8).

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